Itineraria de reflejos, lírica y melancólica, dejo parte de mí en cada paisaje que visito, pero no hallo donde quedarme.. empapado, continúo mi camino, a donde quiera que dé.

cabroncete y las palomas (I y II)

Cabroncete es un pájaro. No le llamo cabrón porque es muy pequeño, y su arrojo y carácter me impiden decirle cabrito. La primera vez que le vi, mejor dicho me vio, vino a posarse cerca de donde yo estaba sentado. saludó con un piar corto y agudo y se me quedó mirando, primero con un ojo, luego con el otro.
-Qué..
Yo degustaba unas galletas de chocolate, él jugaba a esconderse tras una verjilla de hierro que me servía de respaldo, como si me espiara.
-Te he visto..
Al verse delatado, decidió echarle jeta y, en un movimiento rápido, atrapó una miga de galleta que yo no había visto caer, y salió volando.

Tropecé con él al de unos días, en el parque. Yo estaba leyendo, o escribiendo, no recuerdo bien, cuando me distrajo una pequeña figura que avanzaba a saltitos hacia mí, hasta acercarse a una distancia imprudente. Al descruzar las piernas se alejó en un aleteo lo justo para que no pudiera alcanzarle. Luego se acercó de nuevo, y abrió la boca exageradamente, pero sin piar esta vez.
-Hoy no tengo comida, majo.

Coincidió que una pareja en la hierba se deshizo de un pequeño mendrugo, y se lanzó como un poseso a por él. No tardaron en aparecer dos colegas suyos, acompañándole en la degustación del manjar. Pero pronto llegó también una paloma.
-Se os acabó el chollo, chavales.

Siempre he tenido a las palomas por animales agresivos, muchas de ellas están mutiladas por efecto de las peleas, pero, para mi sorpresa, quedó a dos pasos (míos) de los comensales, a pesar de que los tres juntos no abultaban la mitad que ella.
-Humm.. curioso..

Al de unos días (vale, al día siguiente) me acerqué a la zona donde las palomas son más abundantes, y se alimentan de las chuches que los críos lanzan a los patos y no alcanzan el agua. y tuve tiempo de observar la siguiente maniobra por parte de cabroncete:

Mientras las palomas se ofuscaban en deglutir todo lo rápido que podían, entreteniéndose sólo en pelear entre ellas, él se apostaba entre los huecos de la rejilla que cerca el estanque. Y desde allí, con la misma celeridad de la víspera, aprovechaba el despiste para hacerse con su botín y salir volando, sin que las columbus nosequé (por no repetir "palomas") acertaran a impedírselo.

Echando cálculos, tres como él, sólo una paloma (vaya, me repetí)..

No estaba asustada, sino resignada. Para qué acercarse, si sólo iba a conseguir quedar en ridículo.